Del archivo: Metegol.

Spoiler alert: No sé nada de fútbol. Les aviso al tiro por si solo quieren leer la opinión de expertos en la milenaria disciplina del balompié o como sea que le dice Solabarrieta.

Queridos lectores: Nunca les di la bienvenida a la página nueva. Lamentablemente escribí largo y tendido al respecto en un post sobre King Kong que nunca subí (sorry) porque aún no termino, pero ya viene. Por el momento les diré que tengo página nueva (ejalé) y que mi idea es ir subiendo cosas nuevas con cosas previamente publicadas pero que ahora no están en ninguna parte. Y bueno, esta nota sobre Metegol (2013) es una de ellas. Resulta que hace poco me la he estado repitiendo, y sigo encontrándola una joya, por lo que aquí está algo que escribí hace un tiempo para una revista de fútbol (!) que ahora no puedo encontrar por ninguna parte. En fin, ojalá les guste este texto, y ojalá busquen Metegol y la vean si es que aún no lo han hecho. Y bueno aquí los dejo conmigo mismo, adiós.

Spoiler alert: No sé nada de fútbol. Les aviso al tiro por si solo quieren leer la opinión de expertos en la milenaria disciplina del balompié o como sea que le dice Solabarrieta. Aunque mi viejo trató, nunca prendí con el fútbol. En el estadio me entretenían más los sánguches jamón palta que vendía un señor en las gradas, que lo que pasaba en la cancha. Y todavía me acuerdo de la carita de Guayasamín que puso mi papá cuando me estaba comprando una bandera del Colo-Colo (su equipo) y yo le dije que mejor me comprara la bandera del rival porque era mejor el dibujo. Un minuto de silencio por las esperanzas de mi papá de tener hijo futbolero. Pero bueno los hijos vienen a este mundo a decepcionar a los padres así que todo bien.

Al que sí le gusta el fútbol es al peliculasta argentino Juan José Campanita. No sé si vieron su película (ganadora del Oscar) El secreto de sus ojos, pero es una película que chorrea amor por el fútbol por todas partes. Varios personajes son fanáticos del fútbol, todos hablan mucho de fútbol, y el asesino que todos buscan resulta ser fanático de un equipo y lo pillan justamente por eso, en pleno partido, en un estadio lleno, en una de las escenas más maestras del flim. Claro que esa película se trataba de otras cosas además, como la venganza, el amor, la dictadura argentina, y otras cosas que no tienen nada que ver con el pasto, las pelotas y los toperoles.

“El Beto es el mejor jugador del mundo” -El Beto.

Ganarse el Oscar te cambia la vida, claro, y después del éxito vendría la obra maestra del peliculasta, un flim que no es NADA MÁS que amor por el fútbol y por todo lo que lo rodea: La película de animación Metegol, que absolutamente todo el mundo miró a huevo (me incluyo) pero que debe ser uno de los estrenos infantiles más entretenidos de los últimos tiempos, y una de las mejores películas de Pixar que nunca hizo Pixar. Eso es un cumplido, por si las moscas.

Metegol cuenta la historia de un taca-taca mágico cuyos pequeños jugadores cobran vida a lo Toy Story para salvar a un pobre gil de una vida sin pena ni gloria, justo cuando su viejo rival de infancia vuelve al pueblo convertido en una súper estrella del fútbol. Al compadre le gusta una minits, y lo único que ha hecho con su vida es perfeccionarse en el taca-taca (“metegol” para los argentinos). Cuando el otro pelmazo se pone insoportable y quiere echar abajo el pueblo, los dos deciden jugársela toda en un torneo de taca-taca, pero al final terminan jugando un partido de fútbol alucinante donde participan no solo los protagonistas, sino además los jugadores del taca-taca mágico, y la gente del pueblo que se ofreció para el partido. Ahora que lo leo, la historia es pésima y no salva a nadie, pero ¿saben qué? Metegol es una de las películas animadas más graciosas y emocionantes que recuerde que no hayan salido de Hollywood, y todo se debe justamente al amor del peliculasta Juan José Campanita por el fútbol.

Y no solo por del deporte mismo, sino también por todo lo que se le asocia. En Metegol hay amor por los hinchas, por el lenguaje que los hinchas usan para hablar de fútbol, por la espera de no solo jugar un partido sino también de verlo. Hay amor por los relatores de radio y televisión, por las transmisiones de los partidos, por las barras, y por los jugadores. La personalidad que tienen los monitos del taca-taca una vez que cobran vida es alucinante, una caricatura perfecta pero querendona de los jugadores de fútbol: Todos medio brutos, hablan igual que un jugador que está hablando con los periodistas sudando y escupiendo después del partido, y se lanzan a pelear y discutir por cualquier cosa. Después se abrazan y celebran cuando hacen goles, y se engrupen trabajando en equipo tan rápido como se enojaron. Muy gracioso y cercano todo.

Con todo este amor por el fútbol de fondo, el peliculasta arma una película de aventuras que en verdad no tiene nada que envidiarles a las de animación gringas, incluso superándolas en casi todo. Las voces son precisas, las pequeñas peculiaridades de cada uno son para hacerse autogoles de la risa (el que habla en metáfora, el “chino” [¡ko-rea-nó!], e incluso los que tienen tensión homoerótica), el humor tan latino y tan familiar definitivamente es el delantero estrella de esta película, siempre achuntándole al arco desde media cancha. Quiero pedir disculpas públicas por intentar hacer comparaciones futbolísticas que obviamente no funcionan, pero esto es para que vean que el amor por el fútbol de Juan José Campanita es contagioso. Y mucho.

Finalmente les voy a contar que el partido de fútbol que es el clímax de Metegol es una secuencia muy hilarante y entretenida que está a la altura de los mejores “partidos finales” de cualquier película de deportes. Qué Supercampeones, qué Shaolin Soccer, qué Bend it like Beckam, el Chanfle y todas las películas de fútbol que se les ocurra. Para mí es más emocionante y entretenida que cualquier partido además, y de cualquier deporte ahora que lo pienso. Filo, lo voy a decir: el partido al final de Metegol es mejor que la Capilla Sixtina y la Novena Sinfonía combinadas. Puede que esté exagerando, pero así de prendido me dejó esta cuestión, y la voy a recomendar a todo el mundo cada vez que pueda. Si son como yo, nunca les tincó mucho Metegol. Nada en los afiches o los tráilers vendía realmente la carta de amor (y humor) al fútbol y a su fanaticada que es esta película. De verdad se van a sorprender. Porque Metegol es… un golazo. Perdón, última vez lo juro.