Mirai

Unas palabritas sobre este estreno que vale mucho la pena ir a ver.

Nosotros los otakus somos la tribu urbana más incomprendida de todas. Desde la gente que nos mira feo en el Eurocentro mientras compramos nuestros bananos de Na-ruto y nuestras muñequeras de Attack of the Titan, hasta esos parientes que se burlan de nosotros diciendo que vemos “monos chinos”, sin siquiera molestarse en mirar un mapa de Oriente-san, nuestra vida es un constante recordatorio de que no hay lugar en la sociedad para todos nosotros los sensei que nos gustan los ojos gigantes, los pelos de colores, y las cosplayeras con problemas cervicales. Cosa mía si quiero tatuarme en el cuerpo un Son Go Ku, un The Robotech o un Ghost in Shell, y cosa mía también si ando trayendo mi Dead Note para anotar tu nombre. Yo no elegí la vida otaku, la vida otaku me escogió a mí. Pero las buenas noticias hermanos otakus son que por fin se estrena un nuevo manga para disfrutar juntos la magia kawaii de la animación de japanimation. Y no es cualquier película, es ni más ni menos que el último estreno del super sayaiyin de los peliculastas, el grandísimo Hosoda-san.

Nah cabros, estoy molestando. Esto puede sorprenderlos, pero en realidad no sé nada de la japanimation, y con suerte he visto un capítulo de Capitán Planeta. Pero por eso mismo, háganme caso cuando les digo que agarren sus moneditas y rajen al cine a ver esta película en la pantalla más grande que puedan porque Oh My Gohan. Fui todo tranquilo a ver una película de monitos y terminé flotando en una nube de lágrimas gaseosas que disolvieron el tiempo a mi alrededor y me dejaron acostado en la nube del alma humana a punto de llover verdad (metáfora). Yo sé que Terrence Malick le puso cualesquier pino con El Árbol de la Vida, y agarró a esos cabros chicos y los hizo correr por los prados y jugar con las cortinas al viento, y después Sean Penn se puso traje y fue a poner cara de pensativo al salar, pero déjenme decirles que el espejo a lo más profundo del alma humana se lo puso este compadre con sus dibujitos bonitos y Terrence Malick was found dead.

La “historia” (comillas) se trata de Kun, un péndex-san que vive en su casa japonesa (en Japón) de lo más bien, jugando con el perro y con sus trenes, hasta que un día nace su hermana chica, y hasta ahí no más llegó el sueño de la herencia completa, del Nintendo solo para él y de los postres equitativos. Aunque al principio al enano le da lo mismo la guagua, pronto se da cuenta de que no es tan fácil ser promovido de “hijo único” a “hijo mayor”, y la manera en que lidia con esta frustración es escapando a mundos de fantasía donde se encuentra con personajes que van desde un misterioso “príncipe” hasta antepasados y/o versiones futuras de los mismos miembros de su familia. Yo sé que todo esto suena a volón clásico de la japanimation en sobredosis de wasabi, pero es aunque no me crean se siente todo inusualmente aterrizado. Realista, si quieren, sin ser realmente realista claro, no sé si me entienden.

Si no me entienden está bien, porque creo que ni yo mismo entiendo bien lo que me pasó con esta película. Como dato no menor que igual deberían considerar: Mi vida personal ha pasado por unos cambios telúricos de alto impacto, y eso quizás dejó las puertas entreabiertas de mi alma, lo que unido a la ventolera emocional que es Mirai puede que me las haya abierto de par en par, haya quebrado un florero, y dejado el suelo lleno de hojas invernales. También me dejó una alta frecuencia de metáforas sin sentido, por lo cual pido disculpas.

Porque la mezcla de cosas es rarísima, y no debería funcionar por ninguna parte. Pero funciona. En esta película de alguna manera se mezclan cosas que ya habíamos visto en (ya les dije) El árbol de la vida, en Coco con todo el rollo de los antepasados que nos definen y siempre están con nosotros, e incluso con Interestelar y sus viajes temporalemocionales, pero acá es distinto porque esta es buena. Y todo en una historia de hora y media con una animación más linda que el amor, y que llega a dar gusto mirar, de esquina a esquina de la pantalla. Nota siete, promedio siete.

PD. Los amigos de Cinépolis me invitaron a una función de esta película doblada al español y con muchos niños presentes. Y valga el dato para todos los que estén considerando llevar al ser pequeño: La película funcionó increíblemente bien entre los más chicos. Aunque ese tipo de funciones generalmente parecen cumpleaños de monos jalados, acá la gran mayoría de los niños se quedó en silencio durante toda la película, completamente involucrados con lo cercano que resultaba todo, y con lo precisa que es la personalidad de Kun y sus dramas. Así que ya saben. No tiene personajes chistosos, ni canciones, ni las tonteras clásicas de las películas típicas para niños, pero igual tuvo su efecto mágico en los más chicos. Hay unos momentos medio terroríficos, pero los péndex ya estaban enganchados (como los adultos) y aguantaron hasta el final. Estoy seguro que los adultos en la sala viven una experiencia completamente distinta con la película, pero de que les gustó a los niños, les gustó. Así que ya saben.

Gracias por leer, gente pulenta. Y gracias también por leer a los otakus. Arigato.